En 1835 pactó con él y accedió a la presidencia de la República, comenzando así un período de cuatro años que resultó uno de los más fecundos en la historia del Ecuador.
Su mandato se caracterizó por el anticlericalismo, el establecimiento de una severa disciplina y la realización de reformas educativas. Creó la Dirección General de Estudios y fundó varios establecimientos educativos, entre los cuales figura el primer colegio de mujeres; además, reorganizó los programas educativos de las universidades.
En su programa de gobierno también reflejó no sólo los intereses latifundistas de la Costa vinculados al comercio internacional, sino también los de las demás regiones del país. Terminado su mandato, regresó a la Gobernación del Guayas, donde continuó con su admirable gestión administrativa.
Posteriormente, rompió sus relaciones con Flores y se exilió a Lima, donde fue embajador en 1845. De allí regresó para actuar como diputado en la Convención de Cuenca y como presidente del Senado en 1846.
Murió en Lima en 1847, siendo plenipotenciario del Ecuador en Lima. Fue autor de numerosas obras, recogidas en los 16 volúmenes de la Colección Rocafuerte, publicada en 1947 en Quito. |